martes, 20 de octubre de 2009

LA CULTURA DE LA MUERTE

Hoy me he enterado de la presentación de dos proyectos de ley que hacen apología de la cultura de la muerte, a saber, aquella que presenta el diputado Moreira a favor de la construcción de monumentos con la figura de Augusto Pinochet Ugarte y, la otra, a iniciativa del gobierno para matar a los animales que se encuentran en la calle y que ellos denominan vagos.

Algunos podrán decir que el gobierno de Bachelet no se puede comparar con el de Pinochet; pero se equivocan, porque la fuente de la cultura de la muerte es la misma: el desprecio por la vida. En efecto, en el pasado la derecha chilena creyó que eliminando a sus rivales, a través de los peores métodos, lograría mantenerse en el poder por siempre. Su desbalance valórico les pasó la cuenta a la larga. Sin embargo, aquellos que les sucedieron en el poder no eran precisamente los más probos en materias de valores, ni muy diferentes en esencia a aquellos que criticaban. Ambos bandos hambrientos de poder están contestes en lo básico: lo que no les gusta se elimina.

La cultura de la muerte no es más que eso –eliminar, neutralizar o controlar a aquello que se les interpone en el camino – si son personas o animales casi no importa, el disvalor es el mismo: no hay creación, sino destrucción; no hay tolerancia, sino discriminación. El desprecio por la vida es patente; basta ver que todas las decisiones que se han tomado desde el año 73 en adelante dicen relación con la exaltación de intereses menores como, por ejemplo, el lucro. De allí que no les interese proteger al medio ambiente, ni a los animales, ni a las comunidades, ni a las mujeres, etc. cuando están en juego los intereses de las grandes empresas, tanto por acción u omisión.

No pocos grandes pensadores de la humanidad han mostrado simpatía hacia aquellos que no son humanos, incluso, los han puesto como medida del desarrollo humano de los pueblos al señalar que su trato o maltrato es la carta de presentación de esos pueblos. Así pasa cuando los extranjeros nos visitan y ven a tanto animalito famélico caminando por las calles de Chile, en las peores condiciones. ¿Qué clase de personas son los chilenos que no se compadecen al ver tanto dolor? Se preguntan nuestros visitantes. Porque mientras la derecha y los concertados hacen el show que Chile es un país desarrollado, a los extranjeros les basta mirar y estar al tanto de las barbaridades que acá se hacen con los humanos y animales para deducir que no están a la altura de las circunstancias. No engañan a nadie, señores.

En suma, mi más profundo desprecio a los autores de estos dos proyectos que exaltan la cultura de la muerte.